17/04/2024
Solo de Gonzalo García-Pelayo se puede decir: presenta en calidad de estreno sus últimas siete películas. La admiración y la sorpresa que produce la frase no deberían
llevarnos a engaño, sin embargo. No se trata de siete películas cualesquiera, de esas que la usina del cine expele con carácter global; las que tienen garantizado el cruce
por todas las aduanas, las que exhiben credenciales de sensatez y buena conducta. El director español hace películas que no se parecen a nada, que descreen de las estrategias a través de las cuales el cine se vuelve dócil e inerte, pero tampoco castiga al espectador con la indolencia de ejercicios grotescos, repetidos, amnésicos. La asombrosa fluidez formal, la gracia de los diálogos, la autonomía principesca de los actores, el hallazgo inesperado de una música dichosa: todo está en sus películas, que combinan modernidad y arcaísmo, personalidad y cultura, como si el cine fuera una reinvención permanente, sujeta siempre a revisión. Estas siete películas rodadas en los últimos meses en la Argentina (los números nos devuelven a una incredulidad que no hace sino acrecentarse al verlas) son la prueba de un cine que vive en presente: en el esplendor edénico de las imágenes que miran la vastedad del mundo con la transparencia de un humanismo que reemplaza la impostura de las tramas y la moral burguesa de la parábola por una profusa emoción sin nombre.
El de García-Pelayo es un cine en el que nada está vedado salvo la falsedad.
David Obarrio. Catálogo
-pelayo