18/01/2025
Yo voy a escribir lo que significa David Lynch para mí. Desde aquellos tiempos inmemoriales del VHS, y en esa avidez de conocer a los genios más grandes, ya me resonaba su nombre, siempre con rareza, difícil de encasillar, de ubicar en algun anaquel que me deje tranquilo.
Veías "El Hombre Elefante" (1980) en blanco y negro, emotiva e incómoda y su versión negada de "Duna" (1984) y realmente no podías creer que fuera el mismo director. Después vi la incendiaria "Corazón Salvaje" (1990) con Nicholas Cage y Laura Dern, y me enamoré para siempre aunque no sabía bien de qué costado de este director inasible. Por esa época me empalagué de extrañeza con "Terciopelo azul" (1986), esa maravilla pesadillesca, noir y colorida que solo él fue capaz de hacer. Por esa época, mediados de los '90, comenzaron a aparecer los fanáticos de Lynch, los que utilizaban a Lynch para parecer cinéfilos, los que se vanagloriaban de comprenderlo, los que frente a los demás actuaban una comprensión total de su obra y su arte, los carne de cañón del Bafici y de esa fauna no solo escapé con rapidez sino que en un movimiento de resistencia me la agarré con Lynch, como si él tuviera la culpa de su público más superficial. Nunca vi "Twin Peaks", su famosa serie, ni Eraserhead (1977), su opera prima, por lo cual Lynch para mí sigue siendo inagotable.
Para cuando llegó "Carretera Perdida" (1997) yo estaba enojado con Lynch, con su séquito de comprendedores de lo incomprensible, y la recibí mal y me enojé más. Pensaba que habia asumido el personaje que sus malos espectadores le inventaron y no se lo perdoné, mirá lo importante que era para mí. Pero cuando vino "Una Historia Sencilla" (1999), ese viejito que recorre las rutas en una cortadora de cesped para ver a su hermano moribundo, me reafirmó su eclectisismo y me dije: este tipo hace lo que quiere, lo que le pinta, este tipo es libre.
Pasaron muchos años y recién en el 2024 vi "Mulholland Drive" (2001) para un curso de cine, y pude comprender muchas cosas de su rareza, de su genialidad retorcida, y me pregunto todavía hoy cómo alguien de su renombre se anima a estas narraciones tan extrañas, cómo lograba convencer a los productores y maquinaria Hollywoodense y hacer lo que quiere.
Todavía no me animo a "Inland Empire" (2006), lo que da cuenta de que sigue siendo en mí un artista difícil de asimilar, que me lleva del amor al rechazo o hasta el enojo, de la admiración total a la incomprensión, pero que sin darme cuenta me acompaña hace más de 30 años de mi vida con una fuerza apelativa y controversial que pocos tienen y por eso debe ser que lo quiera tanto.
O porque en esta época de empacho audiovisual, de productos infinitos que se generan para complacer al espectador, que el espectador mismo logra que le hagan a pedido con su like y su pulgar arriba, un artista tan libre, tan singular, es un vaso de agua en el desierto y cuando se van, se va también un cine que no se hace más y con él la esperanza de una resistencia a este tsunami de productos homologados y olvidables.
Lynch será para siempre, en mí, uno de los más grandes y raros directores que existieron, y en tantos años de idas y vueltas, y placeres cinematográficos, y pesadillas e incomodidades, desde mi adolescencia hasta ahora, uno lo siente parte muy importante de su vida, un imprescindible que me enseñó más de lo que pude ver en su momento, y por eso estaré eternamente agradecido.
Quiero recordar una escena hacia el final de "Una Historia Sencilla", en el momento en que Alvin, después de un larguísimo viaje en cortadora de césped, logra ver a su hermano Lyle antes de morir y le pregunta: "Porqué estábamos peleados?" Ante lo cual Lyle, en la piel del genial Harry Dean Stanton, le responde:
"Ya no me acuerdo".