16/01/2024
Pluto -Manifiesto contra el miedo a la tecnología-
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Hace no mucho tiempo comencé a reflexionar sobre nuestros comportamientos en torno al avance de la inteligencia artificial gracias a un anime que vi basado en el manga de Naoki Urasawa en Netflix llamado: Pluto. Un thriller de ciencia ficción donde un detective tiene que descubrir a un asesino formidable que poco a poco va acabando con una serie de robots, considerados los 7 robots más avanzados del mundo, de los cuáles el mismo está incluido.
No quisiera entrar mucho en detalles sobre el argumento de esta historia, tan solo me limitare a decir que narrativamente el anime es espléndido en torno a cómo se va desvelando el misterio de los acontecimientos.
Mi tema principal sobre lo que deseo hablar es más que nada sobre las profundas reflexiones que la historia de este anime trae aparejada sobre la condición humana, sobre el amor, el odio, la tristeza, la muerte, la vida y el mundo en su totalidad.
Este anime plantea todas estas cuestiones a flor de piel, y creo que lo hace de una manera bastante interesante, entremezclando esa línea narrativa de misterio policial lentamente.
Me pregunté a mi misma sobre mi propia humanidad cuando esta serie llegó a su fin. Sobre nuestro límite de quienes somos como personas y que son los robots. O aquella construcción o idea que tenemos sobre lo que es un robot. ¿Por qué le tenemos tanto miedo a ellos? Esta ansiedad, esta preocupación, está desesperación que muchas personas sienten en torno a una máquina dice algo sobre quiénes somos nosotros. Me atrevería a pensar que es en parte porque nos sentimos identificados con aquello a lo que le tenemos miedo. Un vínculo especial hay con eso sin lugar a dudas. Somos un poco como ellos o al menos en algunas circunstancias especiales, tenemos un contacto que nos asemeja. Nuestra conciencia se maneja como un algoritmo, nuestra memoria navega por una compleja red de datos semejantes a lo que utiliza una supercomputadora. Y nuestra mano derecha o izquierda tiene el contacto continuo de un aparato celular. El cerebro humano ya está contaminado por los estímulos que nos ofrece esta supermega conciencia que parece ser la Internet.
Quizás estoy siendo muy extremista, admito que pueden haber determinados grises o también excepciones a la regla, cierta rango poblacional cuyo vínculo con lo tecnológico es casi nulo. Pero convengamos que por regla general, estamos frente a una creciente marea poblacional que día a día se va volviendo más tecnofílica.
El caldo de cultivo sobre nuestro miedo a las máquinas se estuvo gestando. Día a día nos vamos dando cuenta que el límite que separa una computadora de un ser humano se va volviendo mucho más delgado.
En vez de seguir imaginando futuros posibles en donde constantemente las máquinas son una entidad puramente maligna, deberíamos partir sobre quienes somos nosotros los humanos para juzgar y responsabilizarnos de nuestra condición. Solo así podremos superar esta aparentemente tecnofobia que parece estar al acecho.
Todo miedo se resuelve con una profunda introspección que nos permita conocernos a nosotros mismos. La falta de conocimiento es lo que origina el miedo, el miedo genera la desconfianza, y la desconfianza está a un paso del gesto máximo de la violencia: El odio.
Es por eso que el anime Pluto resulta bastante original en cuanto a las problemáticas que conllevan la existencia misma. El universo que plantea esta historia representa algo de nuestra época actual, esta profunda introspección humana que permite que reflexionemos sobre nuestra situación actual en cuanto a la tecnología. ¿Qué es ser humano? ¿Es un robot algo tan diferente a nosotros mismos como personas? ¿Qué vínculo hay entre creador y creado? La relación entre Dios y la humanidad es una analogía bastante interesante para reflexionar sobre este caso. ¿Se comportan los robots del mismo modo que nos comportamos nosotros mismos con Dios?
Vivimos en un paradigma en torno a la tecnología cuyas preocupaciones se tornan cada vez más latentes y tensas. Y los relatos de ciencia ficción (los más cercanos a la industria del entretenimiento Estadounidense, hay una serie de casos independientes, como la película The Artifice Girl de Franklin Ritch) se materializan en torno a una serie de especulaciones actuales cada vez más pesimistas. Black Mirror es quizás la cúspide de la pirámide de todo eso. Y no me parece fortuito la idea de pensar un cambio de horizonte sobre cómo pensamos e imaginamos nuestro futuro en torno a las máquinas.
Gareth Edwards, el director de la película The Creator (una película bastante interesante por cierto) habló en nota especial sobre cómo el género de la ciencia ficción está en peligro. Ya que no siempre se puede presentar un guion original que esté a la par con los costos de producción y los riesgos que eso conlleva.
Me pregunto si será cierto lo que él dice. Si es un tema que conlleva realmente a los problemas de producción o si es algo mucho más profundo. Quizás sea esto mismo que dice y mucho más…
No quiero ser pesimista al respecto y decir que no hay ideas originales en cuanto a la ciencia ficción, el panorama es incierto para hacer una afirmación tan contundente al respecto. Pero podríamos comenzar a cambiar la trayectoria del barco actual de nuestra imaginación, arriesgarnos y comenzar a proyectar mundos futuros que posibiliten un cambio de mirada de quienes somos nosotros. Quizás Gareth Edwards esté en lo cierto y le toque comandar este barco a la industria independiente. Y a las obras de animación, como Pluto seguir el rumbo.