Sueños Colectivos

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19/09/2024

ROSA LUXEMBURG EN LA TORMENTA
Autor/a: Ana Muiña
Editorial: La linterna sorda

Rosa Luxemburgo ha sido una de las figuras internacionales más relevantes del siglo XX. Murió trágicamente, en 1919, acrecentándose la aureola de «heroína de la revolución». En este libro se aborda, con fechas e imágenes, la vida, la obra y los años turbulentos en los que vivió Rosa Luxemburg, rescatando la dimensión internacional de esta teórica y militante que llevaba la idea de la revolución en su torrente sanguíneo.

Simon Radowitzky nació en Stepanice, Ucrania un 10 de septiembre o 10 de noviembre de 1891. Fue un militante obrero anar...
10/09/2024

Simon Radowitzky nació en Stepanice, Ucrania un 10 de septiembre o 10 de noviembre de 1891. Fue un militante obrero anarquista ucraniano-argentino. Fue uno de los más célebres presos del penal de Ushuaia, donde fue condenado a reclusión perpetua por el atentado con bomba que mató al jefe de policía Ramón Lorenzo Falcón, responsable de la brutal represión de la semana roja de 1909 en Buenos Aires. Indultado tras 21 años, abandonó la Argentina y luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. Murió en México, donde trabajaba en una fabrica de juguetes, a los 65 años de edad.

Juventud
Radowitzky procedía de una familia obrera de origen judío. Creció en la ciudad de Ekaterinoslav, donde la familia se había trasladado para posibilitar a los niños el acceso a la educación primaria. Abandonó los estudios a los 10 años para iniciar su aprendizaje como herrero; la hija de su maestro fue quien lo inició en el anarquismo. Cuatro años más tarde, ingresó como jornalero en una metalúrgica; en una manifestación reclamando una reducción en la jornada laboral, fue herido por un sable cosaco, que lo confinó en cama durante seis meses. Tras la convalecencia, fue sentenciado a cuatro meses de prisión por repartir prensa obrerista.

Fue segundo secretario del soviet de la fábrica en la que trabajaba cuando los eventos de la revolución rusa de 1905. Tras la represión zarista, debió exiliarse para no ser condenado a prisión en Siberia. Irónicamente, en su destino elegido, Argentina, acabaría siendo condenado al penal de Tierra del Fuego.

Llegó a la Argentina en marzo de 1908; se afincó en Campana, donde trabajó de obrero mecánico en los talleres del Ferrocarril Central Argentino. Mantuvo estrechos contactos con la creciente comunidad anarquista local, leyendo La Protesta, el periódico de la Federación Obrera Regional Argentina; a través de la Federación, entró en contacto con un grupo de intelectuales anarcosindicalistas de origen ruso, entre los que se contaban Pablo Karaschin —autor de un atentado en ocasión del funeral de Carlos de Borbón— José Buwitz, Iván Mijin, Andrés Ragapeloff, Máximo Sagarín y Moisés Scutz. Se trasladó a Buenos Aires, donde residiría con algunos de estos mientras ejercía como herrero y mecánico.

La Semana Roja y el atentado contra Falcón
El 1 de mayo de 1909, Radowitzky participó en una de las dos grandes manifestaciones convocadas por las organizaciones sindicales. Por separado de la central sindicalista revolucionaria Unión General de Trabajadores (UGT), la FORA anarquista convocó a un acto en la Plaza Lorea, en el porteño barrio de Montserrat, entonces en obras de ejecución del proyecto de Carlos Thays para dar forma a la Plaza de los Dos Congresos, uno de los símbolos urbanísticos de la burguesía gobernante. Allí se reunían los anarquistas desde 1890 para conmemorar a los mártires de Chicago.

Por orden del coronel Ramón Lorenzo Falcón, que observaba la concentración, la policía reprimió con tropas de infantería y caballería la manifestación; una hora de combates arrojó tres mu***os, que pronto serían ocho, entre los anarquistas, y más de cuarenta heridos. Falcón ordenó clausurar todos los locales de esa filiación, y detuvo a 16 líderes durante la semana siguiente, llamada Semana Roja por la dureza de la persecución; las comunicaciones de las fuerzas de seguridad afirmaban la existencia de un complot ruso-judáico, responsable de instigar al conflicto. El movimiento obrero respondió declarando una huelga general, a la que se sumó el Partido Socialista, exigiendo la renuncia de Falcón para detenerla. La columna de manifestantes que el 4 de mayo acompañó a los mu***os sumó más de 80.000 personas, pero la presión policial y las divisiones internas detuvieron la huelga poco más tarde.

El 14 de noviembre, Radowitzky preparó un artefacto explosivo casero, y lo arrojó dentro del vehículo que conducía a Falcón, unánimemente considerado responsable de las muertes de los obreros. La explosión hirió de muerte al coronel y a su secretario privado, Alberto Lartigau; morirían el uno a las 2 de la tarde, y el otro al anochecer. Perseguido por las fuerzas de seguridad mientras huía, Radowitzky intentó suicidarse a pocas calles del lugar de la explosión, disparándose al pecho con un revólver que portaba. Al acercarse los policías, gritó «¡¡Viva el anarquismo!!», seguro de que sería ejecutado in situ. Sin embargo, fue transportado al hospital Fernández, donde se le diagnosticaron heridas leves en la zona pectoral derecha, y se lo trasladó inmediatamente a una comisaría. Al no portar identificación y negarse terminantemente a prestar información a sus captores, la inquietud llevó al presidente José Figueroa Alcorta a decretar el estado de sitio.

En el juicio, la imposibilidad de determinar la identidad del reo causó dificultades, hasta que la embajada argentina en París facilitó los antecedentes obtenidos en Ucrania. Sin embargo, la edad del mismo resultaba incierta; el fiscal ordenó pericias médicas que le daban entre 20 y 25 años. Sin dudas de su responsabilidad, pues el mismo Radowitzky había admitido ser autor único del atentado, se solicitó para él la pena de muerte:

«Debo manifestar aquí que no obstante ser la primera vez que en el ejercicio de mi cargo se me presenta la oportunidad de solicitar para un delincuente la pena extrema, lo hago sin escrúpulos ni vacilaciones fuera del lugar, con la más firme conciencia del deber cumplido, porque entiendo que nada hay más contraproducente en el orden social y jurídico que las sensiblerías de una filantropía mal entendida (…)
En las consideraciones de la defensa social debemos que en Radowitzky un elemento inadaptable cuya temibilidad está en razón directa con el delito perpetrado, y que sólo puede inspirar la más alta aversión por la ferocidad del cinismo demostrado, hasta el extremo de jactarse hoy mismo de ese crimen y de recordarlo con verdadera fruición.»

Sin embargo, el aporte de un facsímil de la partida de nacimiento de bautismo por un primo de Radowitzky cambió el curso del proceso. Aunque el documento carecía de las legalizaciones pertinentes para confirmar que éste tenía sólo 18 años, siendo por lo tanto menor de edad y no pasible de ejecución, inclinó a los jueces a conmutar la pena por la de reclusión perpetua en la Penitenciaría Nacional. Se le añadió, como castigo adicional, la reclusión solitaria a pan y agua durante veinte días cada año, en el aniversario del atentado.

Prisión en Ushuaia
El 6 de enero de 1911, dos presos anarquistas —Francisco Solano Regis y Salvador Planas Virella— que compartían lugar de reclusión con Radowitzky lograron huir de la Penitenciaría Nacional, en una operación que contó con ayuda exterior y con la connivencia de algunos de sus guardias. Radowitzky quedó detrás por haber sido llamado imprevistamente a la imprenta del presidio. Atemorizados por la perspectiva de que el joven reo, que concitaba simpatía entre el personal de la cárcel, contara con otra oportunidad semejante, se decretó su traslado al penal de Ushuaia, reservado generalmente para criminales de extrema peligrosidad. La costumbre de encerrar allí a anarquistas y otros presos políticos se haría más frecuente con los años.

En la prisión se le denegaron los pocos derechos concedidos a los restantes presidiarios; como única lectura se le permitía la Biblia, y fue sometido a malos tratos y torturas al liderar al resto de los reclusos en huelgas de hambre en protesta por las malas condiciones del penal. En 1918, las torturas alcanzaron su cenit con la violación de Radowitzky por parte del subdirector del penal, Gregorio Palacios, y tres guardiacárceles. La reacción no se hizo esperar; enterados los anarquistas del hecho, publicaron en Buenos Aires un panfleto, titulado El presidio de Ushuaia, de pluma de Marcial Belascoain Sayos que apareció en La Protesta. Su publicación causó conmoción, y el gobierno de Yrigoyen ordenó abrir sumario sobre las condiciones en Ushuaia; los tres guardiacárceles serían relevados de sus funciones.

El 7 de noviembre de ese mismo año, una audaz acción conjunta de los grupos anarquistas chilenos y argentinos logró la única evasión jamás lograda del penal de Ushuaia. Los argentinos Apolinario Barrera y Miguel Arcángel Rosigna y los chilenos Ramón Cifuentes y Ernesto Medina alquilaron una pequeña goleta de bandera dálmata en la ciudad chilena de Punta Arenas, y coordinaron con Radowitzky el procedimiento. Éste, que trabajaba en el taller de la cárcel, se hizo con un traje de guardiacárcel, y abandonó el penal a primera hora de la mañana aprovechando el relevo y la llegada de un grupo de guardiacárceles nuevos, encontrándose con Barrera en una cala no lejana. El plan original era desembarcar a Radowitzky en algún lugar apartado, con víveres y utensilios para resistir un tiempo hasta que la búsqueda hubiese amainado su intensidad, aprovechando el plazo de unas horas hasta que el personal se percatara de su desaparición. Sin embargo, este pensó que le sería más fácil pasar desapercibido en Punta Arenas, por lo que decidieron seguir viaje hasta ese punto. Tras cuatro días de navegación, y ya en territorio chileno de la península de Brunswick, la goleta fue abordada por un navío de la Armada de Chile, alertado por las autoridades argentinas de la evasión; aunque Radowitzky escapó a nado antes del encuentro, la tripulación de la goleta fue detenida e interrogada en prisión, hasta que uno de los tripulantes confesó donde aquél había tomado tierra. Pocas horas más tarde, el anarquista fue interceptado mientras intentaba llegar a Punta Arenas andando, conducido a una prisión flotante, y luego de dos semanas retornado al presidio. El castigo de la evasión serían dos años de confinamiento solitario en su celda, con sólo media ración de alimento.

Radowitzky queda en libertad
En los años siguientes su figura cobraría valor simbólico en las protestas obreras anarquistas; una entrevista de La Razón en 1925 reavivó la visibilidad pública de su causa, invariablemente mantenida como emblema en los conflictos obreros de la FORA del V Congreso, y en los últimos años de la década las pancartas y pintadas exigiendo su indulto se multiplicaron. En 1928 el periodista Ramón Doll provoca un influyente alegato, examinando la desmesura con que desde la justicia se trata el delito motivado por causas políticas, que acababa con un indirecto pero claro petitorio de indulto. Tras el naufragio del Monte Cervantes en los canales fueguinos, que aisló temporalmente en Ushuaia a numerosos porteños, el diario Crítica envió a un redactor, Eduardo Barbero Sarzábal, a entrevistar a Radowitzky. La publicación de la misma tuvo un éxito rotundo, y atrajo finalmente la atención de los líderes políticos. El 14 de abril de 1930, Yrigoyen —que 14 años antes, antes de su primera elección como presidente, había prometido a una delegación anarquista indultar a Radowitzky— cumplió con demora su palabra, y le concedió el indulto. Sin embargo, por el mismo documento lo condenó al destierro; el 14 de mayo el ARA Vicente Fidel López lo lleva al puerto de Buenos Aires, de donde deberá tomar otro buque a Montevideo con fondos propios y sin documentación, habiendo desaparecido la suya en los 21 años de prisión. La ayuda de las agrupaciones anarquistas uruguayas le permite, finalmente, sortear las trabas burocráticas y desembarcar.

Uruguay y España
En Montevideo Radowitzky retomó su profesión de mecánico, tras verse frustrado su proyecto de retornar a la Unión Soviética. La situación perduró hasta el 7 de diciembre de 1934, cuando el gobierno de Gabriel Terra pretendió expulsarlo aplicando la ley de extranjeros indeseables. Las indicaciones de sus compañeros de movimiento, que le solicitaron que no acate la medida para no sentar un precedente perjudicial, llevaron a su prisión en el penal de la isla de Flores. El defensor del movimiento, el abogado Emilio Frugoni, logró en 1936 la conmutación de su pena por la de arresto domiciliario, pero carente de domicilio propio debió esperar seis meses más hasta ser liberado.

Con el inicio de la Guerra Civil Española, Radowitzky decidió sumarse a las Brigadas Internacionales. En el frente de Aragón combatió con la 28 División de Gregorio Jover, compuesta principalmente por anarquistas; trabó allí amistad con Antonio Casanova, un gallego emigrado a la Argentina que había estado entre los fundadores de la Federación Anarco-Comunista Argentina. Perjudicada su salud por los más de 25 años en cautiverio, se trasladó luego a Valencia, donde se desempeñaría en la rama cultural de la CNT. Tras la victoria del bando franquista, atravesó los Pirineos y fue internado en el campo de Saint Cyprien.

Abandonó Francia para trasladarse a México, donde el poeta uruguayo Ángel Falco, cónsul de su país en la ciudad de México, le proporcionaría empleo en la legación. Editaría revistas para el movimiento y trabajaría en una fábrica de juguetes hasta el 4 de marzo de 1956, cuando un ataque cardíaco acabó con su vida.

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=QRhnZfMxjBEQuique Pesoa, reconocido locutor de radio rosarino, abandona la jungl...
01/09/2024

Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=QRhnZfMxjBE

Quique Pesoa, reconocido locutor de radio rosarino, abandona la jungla de cemento bonaerense para instalarse en el sector más recóndito del tranquilo noroeste cordobés. Allí, experimenta el potencial de Internet logrando un tipo de comunicación global, ilimitada y desinteresada. Este documental nos habla de su vida y su fenómeno “El Desconcierto del Domingo”, un programa de radio que se difundió vía streaming (Internet) hacia todo el mundo desde un pequeño pueblo, San Marcos Sierras.

29/08/2024

Resumen Latinoamericano, 28 de agosto de 2024 “Culpables“, el nuevo documental producido por Resumen Latinoamericano en colaboración con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) En torno a la temática del bloqueo económico, comercial y financiero que recae sobre Cuba hace más de...

24/08/2024

SOBRE LOS ESCOMBROS DE LA SOCIEDAD
(Sobre el )

Los rumores sobre la visita del dictador finalmente se hicieron realidad. Ese día, las calles de Tucumán se fueron llenando de gente que se acercaba a observar el desfile de Onganía y sus tropas con la incertidumbre latente de qué sería de su futuro. Habían pasado unos pocos días del golpe y la autoproclamada autoridad del país ya había decidido intervenir la provincia derrocando y deteniendo al gobernador Lázaro Barbieri para poner al general Elías Otero en su lugar. Tras visitar la Casa de Tucumán, en medio de algarabías patrias, Onganía se dirigió al pueblo prometiendo "medidas de fondo que convertirían a Tucumán en un moderno polo de desarrollo industrial". Unos días después, abandonaba la provincia asegurando que habría cambios que se verían pronto. En eso último, no mentía.

Unas semanas más tarde, el 22 de agosto de 1966, el ministro de Economía Néstor Salimei anunciaba la intervención, el desmantelamiento y cierre de siete ingenios tucumanos. Las profundas transformaciones de las que habían hablado ahora se ponían en marcha y, en el corto plazo, siete instalaciones más se añadían a la lista. Eran 14 ingenios azucareros que cerraban sus puertas, sumados a la reducción de personal de los que seguían operando, a cientos de comercios que no podrían sostenerse y a un índice de desocupación que iría en aumento. Así, con el Operativo Tucumán en marcha, una provincia de 750 mil habitantes veía migrar, en poco tiempo, a más de 150 mil personas. La gran mayoría, rumbo a Buenos Aires.

El proyecto de la dictadura había sido, según sus palabras, incentivar a los capitalistas extranjeros y nacionales a invertir en industrias modernas. Algo que, lejos de ocurrir, solo generó el desguace de la provincia y llevó a la población a una situación de hambre insostenible. Pero toda crisis planificada tiene sus beneficiados y, como contracara de la miseria, algunas personas sacarían su tajada: entre ellas, Fernando Prat Gay y Carlos Blaquier, dueños del monopolio industrial del norte y de las mismas empresas que, años después, participarían del Operativo Independencia entregando trabajadores y trabajadoras a la dictadura genocida.

Con el tiempo, la reacción se transformó en puebladas y la gente comenzó a organizarse en las calles pese a las violentas represiones. En una de ellas, la policía asesinó a Hilda Guerrero, una trabajadora que participaba en comedores populares. Antes del golpe, el entonces gobernador Barbieri había dicho que, si los problemas no se resolvían, Tucumán sería dividida en dos partes: una, para los industriales del norte; la otra, para "Buenos Aires: total, ya está acostumbrado a acumular escombros en sus villas miseria". No mucho después, sobre esos escombros de una sociedad aplastada, comenzaba a brotar el fuego de una lucha popular que haría historia.

23/08/2024

EL LARGO BRAZO DE LA ANARQUÍA
(Un día como hoy... sobre y )

Carlo Valdinoci estuvo un largo rato observando la casa del fiscal Palmer y decidió que llevaría a cabo su plan. Cargaba consigo un fuerte explosivo y debía colocarlo con el tiempo suficiente para salir del lugar y escuchar la detonación a sus espaldas. Pero algo falló. La bomba se activó mientras la instalaba y, al poco tiempo, la gente se juntaba en la vereda para ver qué había ocurrido. El atentado al responsable de deportar anarquistas había fallado y la policía informaba haber encontrado en el lugar un papel que decía “Los Luchadores Anarquistas”. Así, se daba inicio a una cacería que comenzaba con la detención de un hombre llamado Salsedo. Días después, corría la noticia de que su cuerpo había aparecido en medio de un charco de sangre bajo el edificio en el que estaba siendo interrogado. Según el FBI, se había suicidado. Entre ácratas, una recomendación corrió de boca en boca: por seguridad, era mejor llevar un arma.

Un año más tarde, la noche del 5 de mayo de 1920, la policía detuvo a dos personas de nacionalidad italiana acusándolas de un robo a mano armada y as*****to ocurrido cinco días atrás. Sus nombres eran Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, ambos eran anarquistas y cargaban armas. En la comisaría fueron interrogados acerca de sus actividades políticas e, inmediatamente, la prensa hizo eco de los hechos dictando su propio veredicto con solo conocer sus ideologías. Para antes de que se diera comienzo al juicio, los italianos ya parecían condenados. Pese a que presentaron pruebas sobre dónde habían estado ese día, desde tarjeta de entrada y salida al trabajo hasta 16 testigos, para el jurado nada era suficiente. El circo judicial estaba en marcha.

En esos días, el juez Thayer se atrevió a confesar que, si bien Vanzetti podía no ser responsable de "ninguno de los crímenes”, era sin duda culpable por ser “un enemigo de nuestras instituciones". Estas palabras serán denunciadas, pero serviría de poco, ya que no figuraron en las trascripciones del juicio. Con los años fueron apareciendo testimonios irrefutables, como la confesión del verdadero asesino, pero nada fue suficiente para revertir una causa resuelta desde el primer día. Así, tras más de 6 años, el 8 de abril de 1927 Sacco y Vanzetti fueron condenados a la silla eléctrica.

La medianoche del 23 de agosto, el verdugo bajaba la palanca y Estados Unidos lograba su objetivo. De un lado, el cinismo y la impunidad encubierta detrás del poder y sus máscaras de la Justicia; del otro, la solidaridad, la dignidad y la ética sostenidas hasta lo último. Pese a lograr lo que buscaban, no consiguieron orden ni paz social y en el mundo entero sus nombres fueron bandera de lucha. Al poco tiempo, una bomba estallaba en la casa del juez haciéndolo comprender que no podría vivir sin custodia hasta el final de sus días. Y así sería. Al igual que al comienzo de esta historia, esta era otra prueba más de que toda violencia desde arriba encontrará, inevitablemente, su reacción en el pueblo.

19/08/2024

Mañana tenemos presentación: '¡Vamos las pibas! Las Espartanas, el primer equipo de rugby de mujeres en prisión' de Agustina Caride

Una escritora entra a la Unidad 47 del pabellón femenino del Penal de San Martín seducida por ese espacio desconocido y amenazador. ¿Por qué están allí esas mujeres? ¿Qué fue lo que hicieron? En cada capítulo, la autora irá develando, de manera luminosa, la oscuridad primigenia de las prisioneras, irá descubriendo sus historias.

El impacto de ese encuentro es inevitable y, al conocerlas de cerca, Agustina Caride entiende que la mejor manera de ayudarlas es contando la historia real de Las Espartanas, valiéndose de todos los recursos que conoce para escribir ficción.

"Una vez dentro del penal descubrí, por oposición, el significado de libertad; entendí la diferencia entre encierro y aislamiento. Entre asesino, homicida, parricida, fratricida y suicida. Y entonces supe cómo podía ayudarlas: escribiéndolas" — Agustina Caride

Lo presentamos en la Librería Naesqui (Charlone 1400, Villa Ortúzar, CABA), el 20 de agosto a las 18:30 hs.

𝗣𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻: Sonia Santoro y Cecilia Bona
𝗠𝗼𝗱𝗲𝗿𝗮: Constanza Brunet

¡Te esperamos!




librosycafe

17/08/2024

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