19/03/2026
Hay una sección en un programa de radio que escucho donde la gente cuenta a qué se dedica.
Son trabajos raros.
El mío podría ser uno de esos.
Hoy quiero mostrar cómo es un día en la vida de una traductora audiovisual.
Spoiler: sí, miro películas todo el día 🍿.
Trabajo desde mi escritorio —a veces en Buenos Aires, y en verano en Entre Ríos— y mis esenciales son: el matecito, tres monitores y mis compañeritos Benicio, Estéfano y Pietro, que saben que cuando estoy concentrada hay que hacer silencio.
Desde acá subtitulo películas que llegan desde muchas partes del mundo: Kazajistán, Francia, Bolivia, Australia, Austria, México, República Dominicana… y también de acá, de Argentina, para encontrarse con el público internacional.
Mirar una película para traducirla es desglosarla, detenerse en cada plano, saber que nada en el cuadro está puesto por azar, descifrar los gestos de la cámara... Y es intenso.
Las buenas historias viajan lejos. Me gusta pensar que la traducción es la ventana por donde cruzan de un mundo a otro.
Conocé más sobre nuestro trabajo en estudiosilver.com