02/09/2024
EL SUTIL DESGASTE DE NUESTROS MECANISMOS DE ALARMA Y DEFENSA
Hace unos días Didier me contó la experiencia con la rana, la meten en el agua caliente y salta fuera de inmediato, pero si la meten antes de calentarse, se queda y acaba muriendo cocinada. En estos tiempos de cambio climático la comparación encaja con lo que vemos a diario.
Lo mismo pasa con la gallina y el zorro, al primer ataque la gallina escapa, pero en uno posterior queda bloqueada y ¿qué hace? – seguir picoteando el suelo sin parar, ignorando el peligro frente al que nada puede hacer.
No se que porcentaje de rana o gallina tiene el ser humano, pero todo indica que el agua está hirviendo, el zorro con la boca abierta y nosotros picoteando.
Amazonia es el termómetro que mide la fiebre del planeta, y está al rojo vivo. Las altas castañeras este año no muestran sus frutos, las palmeras de açai tampoco, hoy en estas latitudes hace 35 días que no llueve, y recién hemos entrado en el verano tropical. El paisaje está cubierto de humo de incendios intencionales y domésticos que se descontrolan porque todo está seco. Las abejas, numerosas, vienen a beber la gota que queda suspendida del grifo, los tucanes ya no tienen miedo de acercarse y comen las papayas aún verdes, los monos capuchinos atraviesan el jardín y se sientan debajo del cajú a saborearlos sin miedo a que los regañen, en la selva hay poca fruta para ellos. ¿es el comienzo del último capítulo?
Al libro de la vida le quedan aún páginas en blanco, pensar diferente es quedarse inmóvil, y de algo debemos agarrarnos, no encuentro mucho en el horizonte, pero quiero creer que hay una luz en este túnel construido lentamente. La gente que vive en las zonas rurales verifica a diario los cambios y sus efectos, en la ciudad hay otros factores que nos van dejando anestesiados, pero todos estamos embarcados en la misma nave.
Limitar el consumo, practicar el comercio justo, reciclar, apoyar proyectos solidarios. Eso es necesario, pero, ¿suficiente? Para aquellos que se sientan capaces y motivados, propongo otro comienzo posible para esta etapa crucial en la que estamos. Viajar a los bosques tropicales amazónicos, la sala de máquinas del planeta, unir ocio y conciencia, afinar la sensibilidad e iluminarnos para ser nuestra mejor versión. Estar allí nos impregna de una realidad que no puede sernos ajena, la belleza y la fuerza de la naturaleza contrastan con un grito de socorro de millones de seres de este mundo maravilloso que heredamos herido. No debemos ni podemos seguir picoteando como la gallina, mientras se secan los jardines del planeta, los efectos de semejante perdida no son reversibles, y el alcance es planetario.
Cuando el delfín rosado se deja ver y oír cerca de nuestra canoa, el mundo se hace más ancho y la magia se hace presente, el colorido de los tucanes, el chillido de los halcones, el suspiro ronco del hoatzin, el jolgorio de un bando de monos Saimirí. Estás en el planeta amazonia, llénate de él.
A partir de ese contacto con un mundo que es hoy como fue el nuestro, se estiran los cilios neuronales y nuestras capacidades sensoriales crecen. Es el momento ideal para dejarse embarcar (no embaucar) en la onda de la vida real, disfrutarla y decidirse a defenderla.
Os invitamos a este viaje iniciático, a ser y estar en el corazón de la mayor selva tropical del planeta, en seguridad, acompañados de gente que la conoce y se enorgullece de ello, entendiendo los encajes sutiles y los mensajes que se dibujan en el agua, en las hojas, en el vuelo de una mariposa azul…
Bienvenidos al Amazonas Life Camp
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