Charlitron Viajero Tiempo

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Charlitron Viajero Tiempo Viajamos al pasado para recordar quiénes somos. Recreamos épocas, lugares y negocios con inteligencia artificial y narrativa emocional.

Proyecto cultural independiente, con uso responsable de IA y respeto a la libertad de expresión.

24/10/2026

UNA NOCHE CON LA LLORONA EXPERIENCIA PRIVADA DIGITAL

Durante generaciones hemos escuchado su llanto.

Pero esta vez la pregunta es otra:

¿Qué le preguntarías si pudieras hablar con ella?

Charlitron El Viajero del Tiempo abrirá por tiempo limitado una experiencia privada con Luisa de Charcas, nuestra interpretación digital de una de las versiones potosinas de La Llorona.

¿Cómo participar?
1. Sigue la página.
2. Escribe en los comentarios la pregunta que le harías a La Llorona.
3. Apoya con reacción las preguntas que más te impacten.

Entre las preguntas con mayor apoyo, elegiremos la que mejor represente el espíritu del Viajero.

La persona seleccionada tendrá una conversación privada en tiempo real con el avatar.

Solo habrá un lugar.

No buscamos asustarla.
Queremos escucharla.

¿Qué le preguntarías a una madre cuya historia terminó convertida en leyenda?

Experiencia cultural e interpretativa asistida por IA. No representa contacto sobrenatural.

LA MUJER DE PIEDRA DE CHARCAS .La mujer que pidió descansar para siempreHoy viajé junto a Edgar Andres Cuevas Jonguitud ...
22/10/2026

LA MUJER DE PIEDRA DE CHARCAS .La mujer que pidió descansar para siempre

Hoy viajé junto a Edgar Andres Cuevas Jonguitud al Altiplano potosino, a un lugar donde el calor, el polvo y el silencio todavía guardan una vieja advertencia.

Cerca de Charcas, en un paraje conocido como El Coligante, existe una formación de piedra blanca que durante generaciones ha sido llamada simplemente:

La Piedra Blanca.

Y alrededor de ella ha sobrevivido una de las leyendas más conocidas de la región.

La historia tiene más de una versión.

Una cuenta que una joven caminaba bajo el sol intenso del Altiplano.

Había recorrido mucho.

El camino parecía interminable.

El calor pesaba.

Las piernas ya no respondían igual.

Hasta que, vencida por el cansancio, habría dicho algo parecido a:

“Ojalá Dios me convirtiera en piedra… para poder descansar.”

Según la leyenda, su petición fue escuchada.

Y la mujer quedó inmóvil para siempre.

Convertida en aquella piedra blanca que todavía permanece junto al arroyo.

Pero existe otra versión.

En ella, la mujer no habla desde el cansancio…

sino desde la rabia.

Reniega.

Reclama.

Blasfema porque algo que deseaba no le fue concedido.

Y entonces la piedra ya no representa descanso.

Representa castigo.

Dos historias.

La misma mujer.

La misma piedra.

Y dos formas completamente distintas de entenderla.

Para algunos, fue castigada.

Para otros…

simplemente estaba demasiado cansada.

Y eso es lo que más me llamó la atención.

Porque con los años la leyenda dejó de hablar solamente de una piedra.

Empezó a hablar de algo profundamente humano:

ese momento en que una persona siente que ya no puede caminar un paso más.

Quizá por eso la historia sobrevivió.

Porque todos, en algún momento, hemos dicho algo desde el cansancio que realmente no queríamos decir.

“Ya no puedo.”

“Ya no quiero.”

“Déjenme aquí.”

“Quiero descansar.”

La diferencia es que, según la leyenda de Charcas…

a ella alguien la escuchó.

Y todavía hoy hay personas de la región que cuentan que alrededor de La Piedra Blanca se debe pasar con respeto. Algunos relatos incluso hablan de pisadas, murmullos o sensaciones extrañas cerca del lugar, aunque eso pertenece claramente a la tradición oral y no a un hecho comprobado.

Tal vez nunca sepamos cómo nació realmente la historia.

Quizá alguien vio una roca con forma humana.

Quizá hubo una mujer.

Quizá solo hubo una historia tan buena que nadie quiso dejarla morir.

Pero algo sí ocurrió:

Charcas terminó convirtiendo una piedra en memoria.

Y mientras alguien siga contando lo que ocurrió en El Coligante…

aquella mujer seguirá sin terminar de descansar.

¿Habías escuchado hablar de La Mujer de Piedra de Charcas?

Gracias por la colaboración: Edgar Andres Cuevas Jonguitud

LA NOCHE EN QUE UNA TAMBORA PUSO DE CABEZA A SAN LUIS 1794Hoy viajé a una noche de San Luis Potosí en la que no hubo apa...
22/10/2026

LA NOCHE EN QUE UNA TAMBORA PUSO DE CABEZA A SAN LUIS 1794

Hoy viajé a una noche de San Luis Potosí en la que no hubo aparecidos, ni fantasmas, ni casas embrujadas.

Y aun así…

terminó con un fraile molido a garrotazos, hombres heridos, autoridades enfrentadas y media ciudad hablando del escándalo.

Todo comenzó por algo que hoy parecería inocente:

una tambora.

En febrero de 1794, don Fernando de la Serna y don José Antonio Torijano solicitaron permiso al intendente Bruno Díaz de Salcedo para mostrar públicamente un instrumento que, según los documentos recogidos por Rafael Montejano y Aguiñaga, era entonces una novedad en San Luis.

La autorización llegó con una condición:

nada de “músicas escandalosas ni cantos insolentes”.

La primera salida fue la noche del 19 de febrero.

La tambora recorrió las principales calles acompañada por músicos, niños, curiosos y gente que salía de las casas para escuchar aquel sonido nuevo.

Y, sorprendentemente…

no pasó nada.

Demasiado tranquilo para algunos.

Así que decidieron repetir la experiencia cuatro noches después.
23 de febrero de 1794
Esta vez cambió todo.

Se reunieron personas de distintos sectores de la ciudad: gente acomodada, trabajadores, personajes ligados a la Iglesia y mujeres que las autoridades de la época consideraban de mala fama.

Entre los asistentes, los documentos mencionan al bachiller José Marcelo García, al padre Astorga, religioso mercedario que iba sin hábito, y a un fraile lego de San Juan de Dios, además de funcionarios y personajes conocidos de la ciudad.
El grupo llegó después hasta la casa de don Pedro de la Lama, donde había una reunión privada con músicos.

Entraron a la sala e intentaron convencer a los músicos de abandonar la fiesta y acompañarlos por las calles, ofreciéndoles el doble de lo que les estaban pagando.

Los músicos entendieron que aquello podía acabar mal.

Y se retiraron.
Pero la noche apenas comenzaba.

Ya cerca de La Merced, varios de los participantes estaban ebrios o a punto de estarlo.

El padre Astorga caminaba acompañado de una mujer llamada Carmel la Valeria.

Entonces apareció un herrero.

Tal vez por alcohol.

Tal vez por celos.

Se atravesó entre ambos…

y llevaba un garrote.

El primer golpe tiró al fraile al suelo.

Después vinieron varios más.

Los documentos dicen que terminó enfermo, golpeado y obligado a guardar cama.
Aquello encendió el resto.

Hubo gritos.

Armas.

Personas heridas.

El minero José Antonio Elizondo, del Cerro de San Pedro, quedó lesionado; también Casimiro Pérez, quien terminó en el Hospital de San Juan de Dios. Incluso Carmel salió con varios moretones.

El alcalde Andrés de la Sierra decidió terminar la fiesta.

Y ahí nació otro pleito.

Porque el intendente Bruno Díaz de Salcedo había autorizado la diversión.

El alcalde consideraba que tenía obligación de detenerla porque la situación se había convertido en un desorden público.

Los dos terminaron intercambiando reclamaciones por escrito.
Gracias precisamente a esas cartas hoy podemos reconstruir buena parte de aquella noche.

Y hay algo que me hizo sonreír mientras la leía.

Han pasado más de 230 años.

Cambió la música.

Cambió la ropa.

Cambió la ciudad.

Ya no recorremos las calles coloniales detrás de una tambora recién llegada.

Pero algunas cosas parecen sorprendentemente familiares:

una fiesta que empieza tranquila…

alguien que dice:

“otra vez, pero ahora sí bien.”

Uno que toma de más.

Otro que se pone celoso.

Alguien que quiere llevarse a los músicos.

La autoridad llegando cuando todo ya se salió de control…

y al día siguiente,

todos tratando de explicar quién tuvo la culpa.

Quizá por eso la historia es tan divertida de mirar de cerca.

Porque a veces viajamos más de dos siglos esperando encontrar personas completamente distintas…

y terminamos encontrándonos a nosotros mismos.

¿Te imaginabas una noche así en el San Luis de 1794?

JULIÁN CARRILLO. El potosino que llevó su sonido al mundo Hoy viajé a ese instante en que un hombre no solo llevaba equi...
21/10/2026

JULIÁN CARRILLO. El potosino que llevó su sonido al mundo

Hoy viajé a ese instante en que un hombre no solo llevaba equipaje…
llevaba una idea capaz de cambiar la manera de escuchar la música.

Ese hombre era Julián Carrillo, nacido en Ahualulco, San Luis Potosí, un potosino que se atrevió a escuchar lo que otros no podían comprender. Mientras el mundo seguía acostumbrado a las mismas notas de siempre, él descubrió que entre una nota y otra existía un universo entero.

A esa búsqueda la llamó Sonido 13.

Y hubo un momento en que ese sueño salió de México para presentarse ante el mundo.
En 1958, su obra y sus pianos microtonales llegaron a la Exposición Internacional de Bruselas, donde su visión sorprendió por completo a músicos, científicos y curiosos.

Me gusta imaginarlo así:
de pie, junto a su piano, mirando el horizonte…
pensando no solo en lo que iba a mostrar,
sino en todo lo que había tenido que resistir para llegar hasta ahí.

Porque muchas veces a los genios primero se les duda,
luego se les critica,
y solo después… se les comprende.

Julián Carrillo no solo fue compositor.
Fue un hombre que desafió los límites del sonido,
un potosino que se atrevió a pensar diferente
y que llevó el nombre de San Luis Potosí hasta escenarios internacionales.

A veces creemos que la grandeza siempre viene de lejos…
pero no.
A veces nace aquí,
en nuestra tierra,
y luego se embarca rumbo al mundo.

Y entonces entendí algo…

que hay personas que no solo dejan obras,
dejan nuevas formas de mirar,
de escuchar
y de creer en lo imposible.

Julián Carrillo no solo llevó un piano a Bruselas.
Llevó el orgullo de San Luis Potosí en cada nota.

¿Tú ya conocías la historia de Julián Carrillo y su Sonido 13?






EL CALLEJÓN DEL SANTO ENTIERRO .La historia de GasparicoHoy viajé a una de esas historias donde ya no sabes en qué momen...
20/10/2026

EL CALLEJÓN DEL SANTO ENTIERRO .La historia de Gasparico

Hoy viajé a una de esas historias donde ya no sabes en qué momento termina la memoria… y empieza la leyenda.

En la actual primera cuadra de Avenida Universidad, junto al templo de San Francisco, existió antiguamente una calle conocida como Callejón del Santo Entierro.

Rafael Montejano y Aguiñaga recogió una historia inquietante asociada a ese nombre.

Cuenta que, a principios del siglo XVIII, vivía allí doña Mirta, viuda de don Gaspar Suárez de Barbosa.

Poco después de perder a su esposo, dio a luz a un niño.

Lo llamaron Gasparico.

El pequeño nació débil y murió apenas unos días después.

Y aquí comienza la parte de la historia que todavía incomoda leer.

Según el relato de Montejano, doña Mirta y su cuñada no soportaron entregarlo a la tierra.

Mandaron preservar el cuerpo del niño y continuaron cuidándolo como si estuviera dormido.

Lo vestían.

Lo arrullaban.

Lo cargaban.

Lo exponían al sol.

Le cambiaban la ropa.

Y durante años mantuvieron el secreto dentro de aquella casa.

Hasta que el franciscano fray Luis Atanasio descubrió lo que ocurría.

Montejano cuenta que el fraile habló con doña Mirta hasta convencerla de que Gasparico debía recibir sepultura.

Pero debía hacerse en silencio.

Sin escándalo.

Sin revelar el secreto familiar.

El relato añade que el niño fue enterrado cerca de la casa, en el entorno del convento de San Francisco, y que tiempo después aquel espacio quedó asociado a la imagen del Santo Entierro.

Hay incluso un detalle extraordinario en la narración:

Montejano refiere que en un antiguo libro parroquial se asentó simplemente el entierro de “un infante, de calidad español, de tres días de nacido, que murió de mal parto”, sin indicar los nombres de los padres.

Y entonces aparece el origen del nombre.

La gente decía que aquella calle se llamaba del Santo Entierro por la imagen religiosa que salía en procesión desde aquella zona.

Pero Montejano juega con una interpretación mucho más oscura:

que el nombre también recordaba, en secreto, el entierro de Gasparico.

Hoy caminamos por esa zona viendo cafés, restaurantes, edificios y gente pasando.

Pero hace tres siglos aquel mismo espacio tenía otro ritmo.

Otra ciudad.

Otras creencias.

Y quizá otra forma de enfrentar algo que ningún siglo ha podido hacer más fácil:

la muerte de un hijo.

Porque debajo de lo macabro hay algo mucho más humano.

Una madre que no pudo aceptar una ausencia.

Una mujer intentando detener el tiempo.

Y un niño que, según la leyenda, terminó dando nombre a una calle.

Tal vez por eso algunas leyendas sobreviven tantos años.

No porque sepamos exactamente cuánto ocurrió como fue contado…

sino porque hablan de emociones que todavía entendemos.

¿Habías escuchado la historia de doña Mirta y Gasparico?

¿Conocías el antiguo nombre del Callejón del Santo Entierro?

CUANDO PARA JUGAR BÉISBOL HABÍA QUE IR A BUSCAR A LOS NIÑOSHoy viajé  junto a Ramón Ortiz Aguirre a un San Luis donde ju...
20/10/2026

CUANDO PARA JUGAR BÉISBOL HABÍA QUE IR A BUSCAR A LOS NIÑOS

Hoy viajé junto a Ramón Ortiz Aguirre a un San Luis donde jugar béisbol no empezaba en el campo.

Empezaba en una esquina.

Zenón Fernández y Santos Degollado.

Ahí esperaban niños con guantes, gorras, ilusión… y quizá un poco de nervios.

No todos tenían automóvil en casa.

Y el transporte público todavía no llegaba hasta aquellos campos de juego.

Así que unas camionetas de Chicles Canel’s pasaban a recogerlos para llevarlos a entrenar y a jugar.

Y cuando terminaba el partido…

los regresaban al mismo sitio.
A principios de los años 60 comenzó a tomar forma la Liga Pequeña de Béisbol de San Luis Potosí.

Los primeros equipos se organizaron después de una convocatoria dirigida a los niños de la ciudad, y las primeras temporadas se jugaron en el Estadio 20 de Noviembre.

Pero aquel campo no tenía las medidas adecuadas para el béisbol infantil.

Así que se construyeron campos especiales por el rumbo conocido como El Tecuán, en una zona que con los años terminaría rodeada por colonias y avenidas.
Entre las primeras novenas estuvieron equipos vinculados a Química Delgar y Chicles Canel’s, empresas de la familia García Maldonado.
Pero hay algo de esta historia que me gusta más que cualquier marcador.

Imagino a aquellos niños esperando la camioneta.

Algunos con el uniforme todavía grande.

Otros cargando un guante prestado.

Papás haciendo cuentas para que alcanzara.

Mamás preguntando:

“¿A qué hora regresas?”

Y un grupo de adultos convencidos de que valía la pena invertir tiempo, dinero y esfuerzo para que los niños tuvieran un lugar donde jugar.

Porque quizá ellos no estaban construyendo solamente campos de béisbol.

Estaban construyendo recuerdos.

Muchos de aquellos niños crecieron.

Algunos dejaron el deporte.

Otros siguieron ligados al béisbol.

Pero probablemente todos aprendieron algo que no aparecía en la pizarra:

que para que un niño persiga un sueño…

casi siempre hubo un adulto detrás haciendo posible que llegara hasta el campo.

¿Te tocó jugar en aquella Liga Pequeña?

¿Recuerdas las camionetas de Canel’s?

¿En qué equipo jugabas y quién te llevaba a los partidos?

Gracias por la colaboración: Ramón Ortiz Aguirre

EL TRENECITO DE LOS PATIOS .¿QUIÉN RECUERDA SU HISTORIA?Hoy viajé a una fotografía de mi propia infancia.No tuve que bus...
19/10/2026

EL TRENECITO DE LOS PATIOS .¿QUIÉN RECUERDA SU HISTORIA?

Hoy viajé a una fotografía de mi propia infancia.
No tuve que buscarla en un archivo.
Estaba guardada en casa.
Ahí estoy yo, siendo niño, parado frente a un pequeño tren dentro de los antiguos patios del ferrocarril de San Luis Potosí.
Y esta vez el viaje me dejó una pregunta.

Porque recuerdo que me llevaban ahí a tomarme fotografías.
Para un niño, aquel lugar era enorme.
Las locomotoras parecían gigantes.
Los patios parecían no terminar nunca.
Y ese pequeño tren, acomodado y cuidado por los propios ferrocarrileros, se convirtió para muchas familias en uno de esos rincones donde valía la pena detenerse y sacar la cámara.

Pero hoy, tantos años después, quiero saber algo que entonces nunca pensé preguntar:

¿cuál era la historia de ese trenecito?

San Luis Potosí desarrolló alrededor del ferrocarril mucho más que talleres y vías. El complejo tuvo espacios vinculados a la vida de los trabajadores y sus familias: hospitales, escuela, áreas deportivas y otros servicios que terminaron creando toda una cultura alrededor del riel.
Por eso esta fotografía me hace pensar que quizá ese tren también perteneció a esa parte menos conocida de la historia:
la vida cotidiana dentro de los patios.
No la del horario de salida.
No la del tonelaje.
No la de las grandes máquinas.
La de los padres llevando a sus hijos.
La de una fotografía familiar.
La de los trabajadores que además de mantener trenes también terminaban creando recuerdos alrededor de ellos.

Hoy puedo investigar fechas, planos y documentos.
Pero hay algo que solamente ustedes pueden ayudarnos a recuperar:
la memoria de quienes estuvieron ahí.

¿Alguien recuerda este pequeño tren?

¿Estaba siempre en ese lugar?

¿También te tomaron una fotografía ahí cuando eras niño?

Porque quizá esta vez no estamos buscando solamente la historia de un tren.
Estamos intentando descubrir por qué tantos niños terminaron creciendo con él dentro de una fotografía familiar.

EL TREN A TAMPICO .Cuando viajar también era mirar el mundo por la ventanaHoy viajé en un tren que ya no lleva pasajeros...
18/10/2026

EL TREN A TAMPICO .Cuando viajar también era mirar el mundo por la ventana

Hoy viajé en un tren que ya no lleva pasajeros… pero todavía lleva recuerdos.
Me senté junto a la ventana.
Afuera, la Sierra Madre Oriental empezaba a cerrarse sobre las vías.
Entrábamos a túneles.
Salíamos otra vez a la luz.
Abajo corrían barrancas, árboles, pueblos pequeños y estaciones donde durante décadas subieron y bajaron familias enteras.

Era la antigua ruta ferroviaria entre San Luis Potosí y Tampico.
Una línea cuya construcción comenzó en el siglo XIX y que quedó inaugurada en 1890, atravesando buena parte del territorio potosino rumbo al puerto.
Por esas vías pasaron trabajadores, comerciantes, estudiantes, familias y generaciones completas de ferrocarrileros.
Algunos viajaban desde Cerritos.
Otros desde Cárdenas.
Después venían Canoas, Cafetal, Tamasopo, Ciudad Valles, Tamuín…
y finalmente Tampico.
En medio del recorrido estaba uno de los tramos que más se quedó en la memoria de quienes viajaron ahí:

el Espinazo del Diablo.
Un recorrido de montaña, túneles y barrancas que todavía hoy conserva parte de aquella infraestructura ferroviaria.
Pero mientras miraba por la ventana entendí algo.
Para quienes viajaron en esos trenes, la ruta no era solamente kilómetros y estaciones.
Era ir a visitar a la familia.
Era regresar del trabajo.
Era llevar a los hijos a conocer otro lugar.
Era escuchar el ruido de las ruedas durante horas mientras el paisaje cambiaba lentamente.
Era comprar algo en una estación.
Dormirse un rato.
Despertar y preguntar:
“¿Ya dónde vamos?”

Muchos niños que alguna vez viajaron ahí crecieron.
Algunos se hicieron ferrocarrileros.
Otros tuvieron padres, abuelos o tíos trabajando en aquellas líneas.
Y quizá por eso todavía hay personas que, cuando escuchan hablar del tren de pasajeros, no preguntan solamente cuándo volverá.
Primero recuerdan con quién viajaban.

Porque a veces uno cree que extraña un tren.
Pero quizá lo que realmente extraña es aquella época en la que todavía podía sentarse junto a una ventana…
mirar pasar la sierra…
y saber que al final del camino alguien lo estaba esperando.

¿Te tocó viajar en el tren San Luis–Tampico?
¿Desde qué estación subías?
¿Con quién viajabas?
¿Recuerdas pasar por los túneles o por el Espinazo del Diablo?

18/10/2026

Hay negocios que venden algo.
Y hay lugares que terminan formando parte de la vida de la gente.

Hace poco tuvimos la oportunidad de entrar a la historia de Restaurante Galicia.
No solamente para grabar un video.
Para escuchar.
Para conocer a la familia.
Para descubrir cómo una necesidad se convirtió en trabajo, cómo el trabajo se volvió hogar y cómo aquel hogar terminó convirtiéndose en un legado que ha acompañado a varias generaciones.
Mientras avanzábamos entre entrevistas, fotografías, objetos, recetas y recuerdos, entendimos algo:
Galicia no solamente ha servido comida.
Ha servido tiempo.
Ha servido esfuerzo.
Ha servido familia.

Detrás de cada platillo hubo manos.
Detrás de cada mesa hubo historias.
Y detrás de cada año que este lugar siguió abierto hubo alguien pensando:
“hay que seguir.”
Uno entra a un restaurante y ve la mesa, la cocina, la fachada.
Pero no siempre ve todo lo que tuvo que pasar para que ese lugar siguiera ahí.
Por eso quiero agradecer profundamente a la familia de Restaurante Galicia por creer en Charlitron El Viajero del Tiempo y permitirnos entrar con respeto a una parte tan íntima de su historia.

Nos dieron algo más importante que una producción.
Nos confiaron su memoria.
Y cuando alguien te confía la memoria de su familia, no estás trabajando solamente con imágenes.
Estás trabajando con años de vida.
Con sacrificios.
Con personas que ya no están.
Y con quienes siguen sosteniendo lo que otros comenzaron.
Ellos compartirán en su página el documental completo, donde podrán conocer cómo nació esta historia en 1952, quiénes fueron las mujeres que la hicieron posible y por qué, más de siete décadas después, Galicia sigue siendo mucho más que un restaurante.

Aquí les dejamos solamente una pequeña puerta de entrada.
Porque a veces uno piensa que está contando la historia de un negocio…
y termina descubriendo algo mucho más grande:
que hay familias que no heredan solamente un lugar.
Heredan la responsabilidad de no dejar que se pierda lo que otros construyeron con toda una vida.
Gracias, Galicia, por confiar en Charlitron El Viajero del Tiempo para rescatar su memoria.

Mira el documental completo en la página de

Restaurante Galicia:
https://www.facebook.com/RestaurantGalicia

¿Tu negocio o familia también guarda una historia? Podemos ayudarte a conservarla.

LA TORRE QUE LLEGÓ 180 AÑOS DESPUÉSHoy viajé a una Plaza de Armas que se veía distinta.La Catedral estaba ahí.La misma f...
17/10/2026

LA TORRE QUE LLEGÓ 180 AÑOS DESPUÉS

Hoy viajé a una Plaza de Armas que se veía distinta.
La Catedral estaba ahí.
La misma fachada.
La misma presencia.
Pero algo faltaba.
Una torre.
Durante buena parte de su historia, la Catedral de San Luis Potosí tuvo solo la torre del lado sur. El templo quedó terminado en el siglo XVIII y durante generaciones los potosinos se acostumbraron a verla así: asimétrica, incompleta a nuestros ojos de hoy.

Eso cambió a principios del siglo XX.
En esos años, el empresario Eduardo Meade estaba relacionado con la construcción del Palacio de Cristal en el sitio donde antes existió el antiguo Beaterio de San Nicolás. La transformación de ese predio generó tensión con la Iglesia, y en 1909 El Estandarte registró que existió una “componenda” respecto a los derechos eclesiásticos.

De aquel arreglo salió algo que todavía forma parte del perfil de nuestra ciudad:
Meade financió la construcción de la torre norte de la Catedral.
La nueva torre quedó terminada hacia 1910, coincidiendo con las celebraciones del Centenario de la Independencia.
Y hay otro detalle que hace todavía más especial a la Catedral.
En 1906 llegaron desde Italia doce esculturas de los apóstoles en mármol de Carrara. Las antiguas figuras de piedra no desaparecieron: fueron conservadas y reubicadas.

Por eso hoy la Catedral potosina reúne 24 apóstoles.
La próxima vez que pases por Plaza de Armas, mira las dos torres.
Parecen haber estado juntas desde siempre.
Pero no fue así.
Durante generaciones enteras, los potosinos conocieron otra silueta de la ciudad.
Y eso es lo que me gusta de mirar fotografías antiguas:
a veces no descubrimos solamente lo que ya no existe.
Descubrimos que incluso aquello que creemos eterno… también tuvo un antes.

¿Habías visto alguna fotografía de la Catedral con una sola torre?
Y si la tienes en un álbum familiar, esa imagen puede guardar una parte de San Luis que hoy casi nadie recuerda.

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Lanzagorta 330
San Luis Potosí
78349

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